Uso excesivo de gas lacrimógeno: Un peligro que acecha a la población pre-escolar de Concepción

Nota escrita por la Dra. Patricia Huerta, del Departamento de Salud Pública de la UdeC y el Dr. Marcelo González, del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la UdeC.

Los gases lacrimógenos son una mezcla de sustancias químicas en forma de polvo, utilizados como dispositivos antidisturbios por las fuerzas policiales. En Chile el clorobenzilideno malononitrilo (CS) es el principal compuesto químico autorizado con esta finalidad (Fernández y cols., 2019), pudiendo también estar presente moléculas como la cloroacetofenona (CN), oleorresina capsicum (OC, también conocido como gas pimienta) y solventes como el cloruro de metileno (Niyoucha y cols., 2015; Park y cols., 2010).

El CS (o la combinación de CS y OC) induce una inmovilización temporal mediante la irritación de ojos, piel, boca, garganta y pulmones, dificultando la respiración. En espacios abiertos, el gas CS tiene un grado de dispersión de entre 60 a 300 metros cuadrados, dependiendo del dispositivo utilizado para lanzar el gas (Rothenberg y cols., 2016; Kaszeta, 2019). Para provocar discapacidad momentánea en la mitad de la gente expuesta, el gas debe llegar a una concentración de entre 4 a 20 mg/min/m3 (Schep y cols., 2015). Si bien no se han medido las concentraciones exactas de gases durante las manifestaciones en Concepción, los relatos de manifestantes y residentes confirman que se han utilizado gases en una gran cantidad en ciertos puntos céntricos, provocando saturación de esas zonas y la percepción de los efectos de los gases a varias cuadras a la redonda.

El efecto inmediato que produce esta combinación de químicos en el organismo tendría como consecuencia la dispersión de manifestantes, por lo cual se espera que ninguna persona se encuentre expuesta a concentraciones altas de CS u OC por largos periodos de tiempo.  Los protocolos de acción de carabineros se basan en esta presunción de “aversión natural” (Fernández y cols., 2019), por lo cual las restricciones de su uso se centran en asegurar la existencia de vías de escape y en no exponer a individuos con dificultades de desplazamiento.

De acuerdo a los protocolos, el uso del gas lacrimógeno está permitido en espacios abiertos, alejados de jardines infantiles, colegios, hospitales, centros de salud y lugares similares, para proteger a personas vulnerables por razones de salud o por su edad. Adicionalmente, su uso debe ser desestimado en presencia de embarazadas, personas con capacidades diferentes, personas con problemas de desplazamiento u otros problemas de salud evidentes (Fernández y cols., 2019).

En Concepción, a partir del 18 de octubre del presente año, la ciudadanía ha realizado múltiples manifestaciones, las cuales en su mayoría han sido confrontadas con herramientas disuasivas, siendo utilizado intensivamente el gas lacrimógeno. Con frecuencia, las manifestaciones y la represión de las mismas se han concentrado en 3 puntos geográficos: la Plaza de la Independencia, el Palacio de los Tribunales de Justicia, y la Rotonda Paicaví.

Una estrategia de inhibición utilizada por las policías para evitar que los manifestantes se vuelvan a reunir en ciertos lugares, es la saturación de áreas específicas (Fernández y cols., 2019). Esta estrategia consiste en arrojar gases lacrimógenos en un sitio aumentando la concentración del gas y la persistencia de éste en el ambiente. La persistencia de los químicos tóxicos haría que las personas eviten el lugar de reunión para nuevas convocatorias. Cabe destacar que en el documento de Carabineros “Protocolos para el Mantenimiento del Orden Público” se señala que “en el sector central de las ciudades estará restringido el uso de dispositivos lacrimógenos de mano y cartuchos lacrimógenos. Estos sólo se utilizarán frente a necesidades imperiosas y luego de haber utilizado los demás medios dispersores” (Muñoz, 2016).

Sin embargo, en Concepción (y otras ciudades) se ha implementado esta estrategia disuasiva, la cual ha afectado tanto a manifestantes como a residentes, transeúntes y trabajadores/as de las zonas aledañas a estos tres hitos de la ciudad. Un aspecto aún más preocupante, es que en el sector se encuentran jardines infantiles y salas cuna que han visto interrumpido su normal funcionamiento por efecto de los gases lacrimógenos. En varias ocasiones estos establecimientos han debido cerrar o acortar su horario de funcionamiento, solicitando a padres y madres el retiro temprano de sus hijos, quienes de igual manera se han visto expuestos a los efectos nocivos de los gases.  

En el siguiente mapa hemos graficado la potencial área de dispersión del gas lacrimógeno, acorde a los datos citados previamente. Marcamos en rojo un área de hasta 300 metros de radio desde los puntos de concentración de las manifestaciones (Plaza de la Independencia, Palacio de los Tribunales de Justicia, y la Rotonda Paicaví) y en azul un área adicional de 200 metros (500 metros de radio en total). Hemos asumido que, durante la represión de la manifestación, Carabineros se mueve por lo menos unos 200 metros del punto inicial. Dentro de las zonas delimitadas hay 10 jardines infantiles y salas cuna y, al menos, 3 establecimientos están muy cerca de la zona de riesgo. Es importante mencionar que al delimitar estas áreas de potencial dispersión de los gases no se han considerado condiciones climáticas, como el viento, que pudiera modificar la distancia y dirección de los gases lacrimógenos.

Por lo tanto, niños y niñas de entre 0 y 5 años han estado expuestos al gas lacrimógeno desde el inicio de las manifestaciones, al menos por asistir a estas guarderías y centros educacionales. Es relevante determinar si estos menores han sufrido consecuencias de salud y también realizar un catastro de los menores residentes en el área que podrían haber estado expuestos a los gases durante este periodo.

En Estados Unidos de América, la Academia Americana de Pediatría condenó el uso de gases lacrimógenos por parte de la policía para reprimir a familias migrantes. Señalaron que el uso de gases lacrimógenos en los niños y niñas, incluidos bebés y lactantes, amenaza su salud a corto y largo plazo. Los niños y niñas son especialmente vulnerables a los efectos de los agentes químicos debido que poseen pulmones más pequeños, una frecuencia respiratoria aumentada y respuesta cardiovascular limitada, en comparación con adultos (Willingham, 2018 – nota de CNN Health).

Si bien las consecuencias a largo plazo de una exposición frecuente al gas lacrimógeno no se han estudiado en detalle, hay evidencia de casos en que personas expuestas han necesitado hospitalización por los daños pulmonares. Un caso documentado en 1972, mostró que un menor de 4 meses expuesto por 2-3 horas a gases lacrimógenos desarrolló neumonía aproximadamente una semana después de la exposición (Park y Giammona, 1972). De esta manera, los problemas asociados a la exposición prolongada y frecuente al gas lacrimógeno podrían ser variadas e incluir neumonía, edema pulmonar, síndrome bronquial obstructivo crónico, síndrome de disfunción reactiva de las vías respiratorias, asma, alteraciones gastrointestinales, lesiones graves e hipersensibilidad dermal, y enfermedades cardiovasculares (Roth y Franzblau, 1996; Fernández y cols., 2019).

Debido al uso excesivo e indiscriminado de gases lacrimógenos, se hace necesario realizar estudios para determinar el real impacto de la exposición a los químicos tóxicos en población infantil y otros grupos vulnerables, como mujeres embarazadas, personas de edad avanzada y enfermos crónicos. Además, es fundamental que cese de forma inmediata la exposición sobre estas poblaciones, y que se prohíba el uso de este armamento químico sobre la población civil, tanto en zonas céntricas como en barrios periféricos.

Las autoridades deben considerar que el uso del gas lacrimógeno no solo atenta contra el legítimo derecho a la protesta, sino que está violando la Convención de los Derechos del Niño, especialmente en lo dispuesto en el artículo 3º, que obliga a las instituciones públicas o privadas a tener como consideración primordial atender el interés superior del niño (Muñoz, 2016). Si no se modifican estas prácticas policiales, podrían ocurrir graves repercusiones físicas y psíquicas que es urgente evitar.

Referencias

Fernández, G., Abujatum, J., Torres, R. (2019). Uso de gases lacrimógenos. Normativa nacional, extranjera e internacional. Asesoría Técnica Parlamentaria. No SUP: 121301, Julio 2019. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile / BCN.

Kaszeta, D. (2019). Restrict use of riot-control chemicals. Nature 573, 27-29. doi: 10.1038/d41586-019-02594-5

Muñoz F. (2016). El uso de gases lacrimógenos en Chile: Normativa Internacional y Nacional vigente y Jurisprudencia reciente. Estudios Constitucionales, 14 (1): 221-246. ISSN 07180195

Niyousha MR, Panahi Y, Golzari S. (2015). Acute and chronic effects of disturbance control factors, complications and treatment method. J Environ Anal Chem, 2: 138. doi: 10.4172/jreac.1000138

Park S, Giammona ST. (1972). Toxic Effects of Tear Gas on an Infant Following Prolonged Exposure. Am J Dis Child. 1972;123(3):245-246. doi:10.1001/archpedi.1972.02110090115018

Park SH, Chung EK, Yi GY, Chung KJ, Shin JA, Lee IS. (2010). A study for health hazard evaluation of methylene chloride evaporated from the tear gas mixture. Saf Health Work, 1(1): 98–101. doi:10.5491/SHAW.2010.1.1.98

Roth, V., Franzblau, A. (1996) RADS After Exposure to a Riot-Control Agent: A case report. Journal of Occupational & Environmental Medicine: September 1996, Volume 38, Issue 9- p863-865

Rothenberg, C., Achanta, S., Svendsen, E. R., & Jordt, S. E. (2016). Tear gas: an epidemiological and mechanistic reassessment. Annals of the New York Academy of Sciences1378(1), 96–107. doi: 10.1111/nyas.13141

Schep, L., Slaughter, R., McBride, D. (2015). Riot control agents: the tear gases CN, CS and OC – A medical review. J R Army Med Corps. 2015; 161: 94-99. doi:10.1136/jramc-2013-000165

Willingham, AJ. (27 de Noviembre de 2018). This is how tear gas affects children. CNN. Recuperado de https://edition.cnn.com/health

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